Alberca residencial con orilla de piedra al atardecer

Alberca de sal o de cloro

La sal también es cloro, solo que fabricado en tu cuarto de máquinas. La decisión real no es cuál desinfecta mejor, es cuál de los dos mantenimientos estás dispuesto a llevar.

Ing. Alfredo Barrera15 de julio de 20268 minutos de lectura

Casi todos los que preguntan por una alberca de sal llegan con la misma idea: que es la alberca que no lleva químicos. No es eso. Es la alberca que fabrica su propio cloro en lugar de comprarlo en bote, y esa diferencia trae ventajas reales y tres tareas nuevas de las que el folleto no habla.

Lo primero, no es una alberca sin cloro

El agua de una alberca salina tiene cloro libre igual que cualquier otra, y se mide con el mismo reactivo buscando el mismo rango de 1 a 3 partes por millón. Lo único que cambia es de dónde salió. Si alguien te ofrece un sistema salino diciendo que se acabaron los químicos, o no lo entiende o prefiere no explicarlo.

Lo que sí es cierto, y es la razón honesta de que guste tanto: el cloro generado en la celda entra al agua de forma continua y en dosis pequeñas, en vez de llegar de golpe una vez por semana. Eso da un agua más estable, con menos picos y sin el olor fuerte que la gente asocia al cloro, que en realidad no es cloro sino cloraminas, o sea cloro ya gastado.

Qué pasa dentro de la celda

Se disuelve sal común en el agua hasta llegar a entre 3,000 y 4,000 partes por millón, según lo que pida la marca de la celda. El agua salada pasa por unas placas con corriente eléctrica y ahí el cloruro se convierte en hipoclorito, que es el desinfectante. Cuando el hipoclorito termina su trabajo vuelve a ser cloruro, y el ciclo empieza otra vez.

Por eso la sal no se consume. Se pierde solo con el agua que se va: retrolavados, salpicaduras, vaciado parcial, y en temporada de lluvia por desbordes. Un par de reposiciones al año suelen bastar, y se reponen con sal, que es lo más barato que vas a comprar para tu alberca.

Para poner en escala

El agua de mar anda en 35,000 partes por millón de sal. Una alberca salina va en 3,000 a 4,000, una décima parte. Se percibe apenas al probarla y no arde en los ojos.

El pH que se sube solo

Esta es la parte que nadie cuenta antes de la compra. La electrólisis deja el agua tendiendo a alcalina, y las burbujas que produce la celda arrastran dióxido de carbono fuera del agua. Menos dióxido de carbono disuelto, pH más alto. En una alberca salina el pH sube de manera constante y hay que bajarlo con ácido más seguido que en una de cloro en bote.

Descuidarlo cuesta dos veces. Arriba de 7.8 el cloro que la celda está fabricando deja de trabajar en su forma activa, así que produces cloro para nada. Y el pH alto precipita el calcio, que se deposita justo sobre las placas de la celda, que es el componente caro del sistema. La alberca salina no quita el trabajo de medir: lo cambia de sitio, del cloro al pH.

La celda se gasta y hay que limpiarla

Las placas tienen un recubrimiento que se consume con las horas de operación. Con uso de casa, una celda dura entre 3 y 7 años, y la diferencia entre esos dos extremos casi siempre es el pH y el agua dura. La reposición no es un consumible menor: cuesta una parte importante de lo que costó el equipo completo.

Lo que alarga su vida:

  • pH entre 7.2 y 7.6, sin excepciones. Es la variable que más pesa sobre la celda.
  • Dureza de calcio controlada. En buena parte de Morelos el agua es dura y el sarro se forma rápido sobre las placas.
  • Limpieza con ácido diluido cuando toque. Cuando aparece costra blanca entre las placas, se limpia con la dilución que indique el fabricante, ni más fuerte ni más seguido: cada limpieza se lleva un poco del recubrimiento.
  • No sobredimensionar el porcentaje de producción. Ponerla al 100 por ciento todo el año para no medir es la forma más rápida de gastarla.

La cantera, el acero y la sal

El agua salpica, se evapora en la orilla y deja la sal ahí concentrada. Sobre piedra porosa, y la cantera lo es, esa sal cristaliza dentro del poro y con los años despostilla la superficie. En una casa de Cuernavaca con borde de cantera y terraza de piedra, eso no es un detalle menor: es el acabado que más se ve.

Con el metal pasa parecido. El acero inoxidable de grado común y el aluminio se corroen más rápido en presencia de sal, y donde primero se nota es en escaleras, pasamanos y tornillería. Se maneja, pero se maneja haciendo cosas: sellar la piedra cada tanto, enjuagar la orilla con agua limpia, y elegir de entrada acero de grado marino en lo que va a estar mojado.

Antes de decidir, mira la orilla

Si el borde de tu alberca es cantera, laja o piedra natural sin sellar, la conversación de sal o cloro empieza por ahí y no por el equipo. Con mosaico, porcelánico o aplanado sellado, esa objeción prácticamente desaparece.

Qué cambia el clima de Morelos

Dos cosas, y las dos empujan en la misma dirección. La primera es el sol: aquí el cloro se destruye rápido al mediodía, venga de donde venga, así que la alberca salina también necesita ácido cianúrico como estabilizador. Sin él, la celda trabaja de más para sostener el nivel y se gasta antes.

La segunda es la temporada de lluvia. El agua de lluvia diluye la sal y baja la salinidad, y cuando baja de cierto punto la celda deja de producir y manda alarma. Después de una racha de lluvias fuertes hay que revisar la salinidad, no solamente el cloro.

Cuál te conviene

No hay una respuesta buena para todos. Hay dos perfiles bastante claros, y la mayoría de la gente se reconoce en uno de los dos en cuanto los lee.

Si tu caso es Te conviene Por qué
La usan casi diario, varias personas Sal El cloro continuo sostiene mejor el uso frecuente
Se usa fines de semana o por temporadas Cloro en bote El equipo salino se paga con uso, no con espera
Borde de cantera o piedra natural Cloro en bote Evita la sal cristalizando en el poro de la piedra
Acabado de mosaico o porcelánico Sal Sin piedra porosa, la objeción principal desaparece
Alguien mide el agua cada semana Sal El sistema pide vigilancia del pH para durar
Nadie va a medir con disciplina Cloro en bote Un descuido cuesta cloro, no una celda

Sobre el dinero, la cuenta es de las pocas que puedes hacer solo: divide lo que te costaría instalar el sistema salino entre lo que gastas hoy de cloro al mes, y te sale en cuántos meses se paga. A ese número súmale la reposición de la celda repartida entre los años que va a durar. Si el resultado se acerca a la vida útil de la celda, el sistema salino se está pagando a sí mismo y no te está ahorrando nada; si queda bien por debajo, sí conviene. Para hacer la primera parte de la cuenta está el artículo del costo al mes.

Preguntas frecuentes

¿Una alberca de sal no tiene cloro?

Sí tiene, y es el mismo cloro. La celda convierte el cloruro de sodio en hipoclorito, que es el desinfectante de siempre. La diferencia es logística: lo fabricas en vez de comprarlo en bote.

¿Se siente salada?

Apenas. Va entre 3,000 y 4,000 partes por millón, contra las 35,000 del agua de mar. Se percibe al probarla y no arde en los ojos.

¿Por qué se sube solo el pH?

Porque la electrólisis deja el agua tendiendo a alcalina y las burbujas de la celda arrastran dióxido de carbono fuera. Una alberca salina pide ácido con más frecuencia, y descuidarlo trae sarro sobre la celda y cloro que no trabaja.

¿La sal daña la cantera?

El agua salpicada se evapora en la orilla y concentra la sal ahí. En piedra porosa cristaliza dentro del poro y con los años despostilla la superficie. Se maneja sellando la piedra y enjuagando el borde, pero es una tarea que la alberca de cloro en bote no tiene.